sábado, 11 de abril de 2009

EL CLAMOR DE LOS SUMISOS

TITULO


EL CLAMOR
DE LOS SUMISOS























AUTOR:

“FREDERICK DUMAS”
























PORTADA:


ALFONSO SÁNCHEZ MADRUGA



















COMENTARIO


A.S.M.









































REGISTRO DE LA PROPIEDAD Nº


Pamplona año
2002-03-19






















PROHIBICIÓN EXPRESA



Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra. Su inclusión en cualquier sistema informático, transmisión, copia, fotocopias, o por cualquier otro medio, ya sea electrónico, mecánico, por registro, u otros medios, sin previo aviso y por escrito del propio autor.







OBRA DRAMÁTICA MIXTA

Reparto:

ANGEL: ........................................Cabecilla de bandoleros
ROSA: ..........................................................”Cantaora”
DON.BRAULIO: .......................................................Terrateniente
CRISTINA:
.............................................Madre de JUANITO
DON.VENANCIO: ................................................................Párroco

JEREMIAS:
......................................Asistente de Don Braulio
DESCOSIO: ............................................................Bandolero
JARAPALES: ............................................................Bandolero
FARFOLLA: ............................................................Bandolero
MIGUEL: ..............................................................Posadero
LUCIA: .............................................................Mesonera

ZAGAL:
...........................................................Tartamudo
MARIA - (niña)
...........................................Hija de los mesoneros
JUANITO - (niño)
...................................................Hijo de Cristina


























EL CLAMOR
DE LOS SUMISOS





Nuestra obra da comienzo en la segunda mitad del siglo XIX después de Cristo, en una Extremadura gobernada por unos poderes políticos que, claramente ponían de manifiesto las diferentes clases sociales entre terratenientes o, clase política preferente, y el resto.
Entre ese resto, también se encontraban incluso personas, que sentían, corazones que sufrían y no sólo por las larguísimas peonadas de trabajo, sino que, incluso y muy a pesar de la nobleza y los escarnios de los terratenientes, muy a su pesar como digo, aquellos seres insignificantes incluso podían sentir amor, aquella sangre simple de color rojo fuerte, también podía hacer latir sus corazones, e incluso aquel mismo riego sanguíneo, hacía que aquellas que se hacían llamar personas, pudieran también tener ideas propias, iniciativas, es más; al parecer y sin que muchos de ellos fueran conscientes, tenían algo propio, su vida. ¡Una vida propia!
La mayoría de aquella “chusma” jamás habían imaginado tener algo suyo, algo que les perteneciera y, hete ahí que sin saberlo, lo tenían(aunque fuera la única pertenencia), lo más valioso que un ser humano puede desear, una vida para compartirla, un corazón que escogería... y, una sangre que verter por el ser amado si era preciso hacerlo.
Ese tipo de personas, hombres, mujeres y niños, en una castiza posada extremeña y ataviados con la indumentaria de la época (la dirección tiene libre albedrío con respecto al vestuario), se deleitaban escuchando a la cantaora mientras disfrutaban dando buena cuenta de unas exquisitas y frescas jarras de cervezas unos, otros sin embargo se inclinaban por el delicado, aromoso y aterciopelado caldo de Baco, ese vino tan peculiar e insuperable, que sólo Extremadura es capaz de convertir a través de los mostos de sus doradas uvas.
Tras el tosco mostrador del mesón o posada, el posadero se afanaba en servir los caldos mientras que, ¿cómo se llama? ¿Posadera? Sí, su mujer, se afanaba con destreza y habilidad, tanto ponía como quitaba vasos, platos etc..
Sobre el mostrador igual podía verse una mazorca de maíz, como racimos de uvas pasas, ajos, pimientos secos y, sobre las paredes algún pequeño apero de labranza, como una collera un yugo etc.
Algún parroquiano de pie en el mostrador tomando el delicioso fino casi como con religiosidad, dándole al acto una cierta liturgia, y en los taburetes que rodeaban las mesas rústicas del local y, frente a aquél pequeño escenario dentro del mismo habitáculo, decorado con alguna silla clásica extremeña, donde descansaba una dormida o aletargada guitarra, haciendo contrastes con las mantillas de Manila finamente bordadas que colgaban estratégicamente de la pared, allí otros parroquianos hacían lo propio, mientras escuchaban atentamente a la cantaora deleitaban a su paladar con el suave amargor de las jarras de cervezas.







Se contará además, entre cuatro y diez personajes fijos en las escenas, y durante toda la obra, uno de ellos hará el papel de borracho.
Los demás harán juegos de mesa. (Cartas, dominó, etc. incluso alguno puede cenar con la servidumbre de la mesonera.





En el escenario, los pasos de la acción se guiarán por el texto del diálogo de cada personaje y la trama de la obra propiamente dicha. (Entiéndase siempre, en el lugar y el tiempo donde se desarrolla la acción)




Obra compuesta por dos actos, compuestos a su vez por siete escenas cada uno de ellos.


























ACTO I Escena 1ª




En escena: ÁNGEL, ROSA, FARFOLLA, DESCOSIO, JARAPALES, el niño JUANITO, la niña MARÍA, MIGUEL, LUCÍA, CRISTINA, el borracho y los parroquianos.

Tras la copla y después de permanecer estáticos hasta el final de los aplausos del público asistente(Después de cada canción se hará lo propio), ROSA se dirige al mostrador donde están ÁNGEL, FARFOLLA, JARAPALES, DESCOSIO y CRISTINA.



El mesonero MIGUEL en el mostrador y su mujer entre las mesas.


La coreografía se inclinará por el trajín normal del propio local donde se desarrolla la acción.



(ACCIÓN)

NO RENIEGUES DE TU TIERRA
(DE/ E.PÉREZ ZAZO)
(VOCES/ LOS CABALES)
CANTA ROSA

ROSA: ¿Miguel, me das un poco de agua, por favor?
MIGUEL: Y sin favor, chiquilla. ¿Se le puede negar el agua a una garganta con la tuya?
ROSA: Gracias, Miguel, eres el mejor.
JARAPALES: Dudo que haya alguien mejor que yo estando mi menda presente.
DESCOSIO: ¡Anda, calla! ¡Dónde tiene Jarapales lo feo que no se lo veo!
FARFOLLA: ¡Por tos los laos! ¿Es que no lo ves? ¿Te has fijado en sus orejas, en su nariz o en su pelo? ¡Y mira qué traje, mira qué ropa! ¡Por algo le llaman el Jarapales! JA,JA,JA...
DESCOSIO:JA,JA,JA,JA,JA...
ÁNGEL: ¿Qué opinas tú, Rosa, parece que sonríes?
CRISTINA: ¡Que no se llevan el canto un duro! ¡Qué va a opinar!
ROSA: ¿Siempre tenéis el mismo humor?
JARAPALES: Es de lo único que se puede uno hartar sin que le cueste un céntimo.
FARFOLLA: ¡Lástima que alimente tan poco el humor!
CRISTINA: ¡Seguro! Es algo de lo que te puedes morir de hambre, estando harto.
DESCOSIO: ¡Más vale tener buen humor, que una piedra en el riñón!
- Todos ríen la gracia de Descosio-
ROSA: ¡Ummmm...! ¡Qué rica está el agua!
CRISTINA: Si sigues así, seguro que te quedas para vestir santos, Rosa.
ROSA: ¿Qué quieres decir?
CRISTINA: ¡Pues eso!
ROSA: ¿Pues eso, que?
CRISTINA: Que bebas una compita algún día, a ver por dónde té da, guapa, que se te está pasando el arroz sin darte cuenta. ¿Es que no lo ves?
DESCOSIO: ¡Para eso tú que lo comiste crudo!
CRISTINA: ¿Insinúas algo, gárrulo?
DESCOSIO: ¡No, no! ¡Nada!
JARAPALES: ¡No le hagas caso, Cristina, no te importe ser madre soltera! ¿Es que no ves que es envidia de no poder ser padre soltero él?
CRISTINA: ¡Muérete!
FARFOLLA: ¡No, que se muere lo mejor y más bonito de su casa! Ja,ja,ja,ja,ja...
ROSA: Sé que lo dices de buena fe, Cristina. Estoy segura que quieres lo mejor para mí, pero hay que darle tiempo al tiempo, ¿no crees? Además; puede que no tarde mucho para que haya algo.

CRISTINA: ¿Qué quieres decir? ¿Insinúas que tienes un romance sin que yo lo sepa?
ROSA: ¡No, por Dios! Aún no, sólo que...
CRISTINA: ¡"Sólo que", que! ¿Dime?
ROSA: ¡Me da vergüenza!
CRISTINA: ¿Vergüenza? ¡No tienes vergüenza si no me lo dices!
ROSA: ¿No te había dicho que todos los días cojo una rosa de mi reja?
CRISTINA: ¡Una Rosa! ¿Eso quiere decir que hay alguien interesado por ti! ¿Sabes quién es?
ROSA: No, no sé quién puede ser esa bella persona. ¿Debe ser alguien muy romántico. ¿No crees?
JARAPALES: ¡Caramba con la Rosa!
CRISTINA: Sí, tiene que ser alguien muy sensible y romántico. ¡Qué envidia me das, chica! ¿Sospechas de alguien? ¿Te imaginas quién puede ser? ¡Vamos, dime! ¡Cuéntame!
ROSA: ¡Que puedo contar, si sé tanto como tú! ¡Ojalá supiera quién es, así podría juzgar tanto sus sentimientos como los míos propios. ¿No crees?
FARFOLLA: ¡Yo sólo veo que es un tío tímido, que no se atreve a dar la cara! Ja,ja,ja,ja...
ROSA: ¡Tal vez! Quizá espere el momento para darse a conocer. ¡Eso no quiere decir que sea un cobarde!
FARFOLLA: No he querido decir eso, Rosa, pero si yo fuera él, seguro que te hubiera tirado algo más que los tejos.
CRISTINA: ¡Calma, tirador!
JARAPALES: ¡No le hagas caso, que éste no tira ni en la feria!
FARFOLLA: ¡Gracioso!
ÁNGEL: Lo importante es lo que pienses tú de ese hombre, Rosa. ¿Qué opinas tú de él? ¿Crees que pueda ser un buen hombre, y que te ame?
ROSA: ¿Qué puedo decir yo de alguien que no conozco?
ÁNGEL: ¿Cómo te lo imaginas?
ROSA: Pues... no sé... supongo que tendrá un corazón tierno, alguien con capacidad de amar, un hombre fuerte y sensible a la vez, una buena persona.
ÁNGEL: ¡Caray con el amante! ¿Crees que aún pueden quedar hombres así?
ROSA: ¿Y por qué no? ¡Todo el mundo no va a ser tan gamberro como vosotros!
ÁNGEL: ¿Eso piensas de nosotros? ¿Qué somos unos gamberros?
ROSA: Bueno... quizá te salves tú, pero estos tres no tienen desperdicio.
CRISTINA: ¡Todos son iguales, Rosa. Ninguno de ellos es tan dulce como para enamorar a una mujer... y menos con flores.
ÁNGEL: ¡Veo que te conoces bien a los hombres, Cristina!
CRISTINA: Alguna experiencia tengo, ¿no crees?
ÁNGEL: No puedo juzgarte, Cristina, sólo espero que tus desengaños amorosos no hayan afectado a tus sentimientos con respecto al resto de los hombres.
CRISTINA: ¡Ah, por eso no temas! ¡No es precisamente ternura lo que espero yo de los hombres, aunque no puedo negar que me gustaría encontrar a alguien así, que me ame, que me mime y tenga tan grande y sincero su corazón que pueda llevarnos dentro tanto a mí, como a mí hijo. ¿Sería tan bonito, no crees Rosa?
ROSA: El amor es algo, que por mucho que recibas nunca te pesa, ni te cansas de soportar. ¿Por qué iba a hacerte daño un poco de cariño, de ternura y felicidad?
ÁNGEL: ¡Ya veo que a ninguna de las dos os gustan los hombres dulzones!
CRISTINA: ¡Una cosa es lo que sentimos y deseamos, y otra muy distinta lo que decimos o exteriorizados!
ÁNGEL: ¡Qué complicada sois las mujeres!
CRISTINA: ¡Y qué quieres, si nos pusieron un aparato tan complicado!
ÁNGEL: ¡Tienes razón, sois una máquina muy complicada! (Perplejidad de Cristina) ¡Está bien! ¡Está bien! ¡No pongas esa cara! ¡Ya sé que no sois máquinas, lo siento!
CRISTINA: ¡Te saco los ojos, si dices que soy una máquina!
ÁNGEL: ¡No es lo que pienso! Creo que la mujer es lo más bello que puso Dios sobre la tierra. Sois capaces de despertar los sentimientos más hermosos en el pecho un hombre. Sí, esos sentimientos que niegan tener los hombres duros y machos. ¡Los tenemos, pero la mayoría de los hombres no lo usan por achacarle debilidad. ¿Tú crees que es debilidad el que un hombre muestre su parte más sensible y noble, Rosa?
ROSA: ¡De ningún modo, Ángel! Creo que todo el mundo es capaz de sentir los mismos sentimientos, ¿por qué no demostrarlo?
CRISTINA: ¡Porque sois unos cobardes! ¡Sí, unos cobardes incapaces de demostrar cariño, y mucho menos amor! ¡Sólo el deseo y el instinto animal os hace fuertes! ¿Es eso ser hombre?
ÁNGEL: Tu experiencia con los hombres te ha marcado, Cristina. Aunque no quieras reconocerlo, te ha marcado.
CRISTINA: No sé que me sucede... ¡Olvídalo!
ROSA: ¡Venga, muchachos, haya paz! (Conciliadora)
ÁNGEL: Perdona, Rosa, sólo me preocupaba por tu felicidad.
ROSA: Eres un buen amigo, Ángel, se te nota en la cara que eres una buena persona también.
ÁNGEL: ¿Tú también crees que la cara es el espejo del alma?
ROSA: ¡Por supuesto! ¡Y créeme que no suelo equivocarme con las personas!
ÁNGEL: ¡Ya! ¿Te has llevado alguna decepción con alguien alguna vez?

ROSA: No recuerdo haberme equivocado al juzgar a nadie... no. Sería decepcionante para mí, que alguien me desilusionase... a propósito, ¿de donde eres?
ÁNGEL: ¡Comprendo!
ROSA: Con las veces que has venido a esta casa, ¿y que no sepa nada de ti?
ANGEL: ¿Te ha dicho alguien que eres una niña muy curiosa? De todos modos te lo diré, pero cantando. ¿Te parece bien?
ROSA: (Silencio.) (Timidez)

(COPLA)

EN MI TIERRA
(P.D. CARRILLO/E. PÉREZ ZAZO)
(VOCES LOS CABALES)
CANTA ANGEL
JARAPALES: ¡Llena los vasos, Miguel! ¡Llena que quitemos las penas!
MIGUEL: ¡Cualquiera que te escuche pensaría que tienes alguna!
JARAPALES: No, ¿pero a que es una buena excusa para hacerlo?
DESCOSIO: ¡Tú no necesitas nada de eso para beber!
JARAPALES: ¡Ni para nada! ¿Es que hace falta tener algún motivo para justificar todo lo que se hace?
DESCOSIO: ¡Pues claro que no, compadre! ¿Verdad que no hace falta Farfolla?
FARFOLLA: ¡Hace falta tener ganas de vivir! ¿No basta con eso?
JARAPALES: ¡De sobra! ¡Llena!
















ACTO I
Escena 2ª


MIGUEL, LUCÍA, ROSA, CRISTINA y ZAGAL (Tartamudo) A primer termino central.
Entra en escena el Zagal, visiblemente nervioso anunciando la busca y captura del bandolero más famoso de aquellos contornos. Un bandolero a caballo entre las sierras oscusas de Cáceres, y las planicies de Badajoz.

ZAGAL: Mu... mu... mutran..., mu tranquilo, estais, estais todos a, ag... aquí, con, on... con la, con la que se, con la que se está... está... ag... está formando ahí, y, ahí fuera. Mu... mutrang... an quilos.
MIGUEL: ¿Ocurre algo, Zagal?
ZAGAL: ¿Q... eg... que si, eg... que si pasa algo? Los...os civiles es... es, están, están...
CRISTINA: ¡Arranca que te hundes!
ZAGAL: ¡Ya, a .. a.. voy! ¡Ya voy!
LUCÍA: ¿Qué ocurre con los civiles, Zagal?
ZAGAL: Bus...buscan, a ...ag... al Patillas. ¡Eso!
MIGUEL: ¿Al Patillas por aquí? ¿Es posible que pueda esconderse el Patillas por estos lugares?
ROSA: Es posible, ya conocemos sus hazañas. Suele moverse entre la sierra y el llano, ya sabéis.
LUCÍA: Sí, eso sí lo sabemos, lo que aún no conocemos de él es su físico, puede ser incluso cualquiera de vosotros.
(Apuntando a los parroquianos)
CRISTINA: Es normal que nadie conozca al famoso bandido. Si se diese a conocer no faltaría quien lo entregase.
MIGUEL: ¡Malage! ¡ El que hiciera algo así sería un mal nacio!
ROSA: Todos queremos y apoyamos al Patillas, no creo que hubiera nadie por estos contornos que fuera capaz de entregarlo. ¡Lo dudo!

(En el mostrador y al foro tanto Ángel como sus amigos tratan de disimular su presencia bebiendo, pero sin perder detalle de la noticia)

LUCÍA: ¡No faltaría algún malage que lo vendiera por unos reales! ¡Cristo con ser Cristo... ya sabes, y por treinta miserables monedas!
(A Cristina)
CRISTINA: ¡Y que lo digas, Lucía, los Judas te los puedes encontrar en cualquier esquina, te lo digo yo, que ya entiendo algo de hombres!
ROSA: ¿Otra vez vuelves a lo mismo, Cristina?
CRISTINA: ¡No puedo evitarlo! ¡Te juro que lo hago sin intención! ¡Me sale así, qué quieres!
LUCÍA: ¡No discutáis! ¡Dejad de preocuparos por pequeñeces, jolín! (Volviéndose hacia Zagal) ¿Y dime, Zagal, sabes si ya han dado con él?
ZAGAL: ¡No ! Lo... og... og... lo buscan mu, mu... ug... muchos... civi... muchos civi... y les. ¡Jodér!
CRISTINA: ¡Clarito como el agua! ¡Qué bien te salen los juramentos, Zagal!
ZAGAL: (Encogiéndose de hombros primer término al público)
MIGUEL: Convendría que María se fuera a su habitación, ¿no crees, Lucía?
CRISTINA: ¡Tú también debes irte, Juanito. No vayamos a tener alguna visita inesperada...
MARÍA: ¿Crees que puede venir ese bandido, papá?
MIGUEL: ¡Más vale prevenir que pone esparadrapos! ¡Vamos, sube cariño!
MARÍA: ¡No tengo sueño, mamá! (Dirigiéndose a su madre Lucía)
LUCÍA: ¡No importa, en la cama se cría!
MARÍA: ¡Job, mama!
CRISTINA: ¡Sin rechistar! (A Juanito que intenta protestar) ¡Síguela y a callar!
(Los dos al mutis por el foro lateral izquierdo)
MIGUEL: ¡Nunca se sabe que puede ocurrir cuando las cosas se tuercen!
LUCÍA: ¡El Patillas, es mucho Patillas, para dejarse cazar así porque sí!
CRISTINA: ¡Pues aunque no lo creáis, dicen que baja al pueblo por una mujer!
LUCÍA: ¿Qué me dices? ¿Se ha enamorado el Patillas, de alguna niña del pueblo?
MIGUEL: ¡No creo que se arriesgue a la horca!
CRISTINA: ¡Tú qué sabes lo que es capaz de hacer un hombre de dos plantas!
MIGUEL: ¡Como si tiene sótano! ¡No merece la pena morir por una mujer!
LUCÍA: ¿Conque ésas tenemos, eh?
(Con las manos en el cuadril)
MIQUEL: ¡Bueno, quiero decir...!
LUCÍA: ¡Qué! ¡Qué quieres decir! ¡Que yo vea, lo que has querido decir ya lo has dicho!
MIGUEL: ¡Que no, mujer! ¡Quería decir que, habrá otras formas de cortejar a una hembra sin perder la vida! ¡Porque digo yo! ¡Si la palmas...! ¿Qué puede uno disfrutar de ese cariño?
ROSA: Bien mirado tiene razón, Lucía. ¡Seguro que yo no se lo permitiría. ¡Yo al menos no dejaría que lo matasen por mí, ni siquiera que lo llevasen preso! ¡Me moriría de pena si por mi culpa le pudiese ocurrir algo malo, al hombre de mi vida.
CRISTINA: ¡Anda la Rosa, que claro tiene lo que es el amor de un hombre!
LUCÍA: Todas sabemos que el amor de un hombre, es como el de los hijos, los dos amores los tenemos con dolor.
ROSA: ¡Qué cosas tienes, mujer!
CRISTINA: ¡Es cierto, Rosa!
ROSA: ¿Cómo vas a tener el amor de un hombre con dolor?
LUCÍA: ¡Ya lo sabrás en el momento justo! ¡El día que sientas ese dolor en tu pecho, sabrás con certeza lo que es el amor y lo que te hace sufrir!
MIGUEL: ¡La estáis asustando! ¡Además; veo que no os preocupa en absoluto lo que está ocurriendo en la región!
CRISTINA: ¿Sabes una cosa, Miguel?
MIGUEL: ¡No, pero estoy seguro que me falta poco para conocerla!
CRISTINA: ¡Así es! Si algo no tiene arreglo, para qué preocuparse, y si lo tiene... ¿Preocuparse para qué?
MIGUEL: ¡Caray con la Cristi!
ZAGAL: pon, pon, pom...
CRISTINA: ¿Han cambiado la fecha de semana Santa? (Burlándose de la tartamudez de Zagal)
ZAGAL: Ponme... eg... un, ug... un vino. ¡Copón! (Renegando de él mismo)
MIGUEL: ¡Chicas! (Señalando a Rosa y Cristina) ¿Queréis mirar el establo? ¡Quiero que os aseguréis, de que está todo en orden! ¡Mirad si están bien los caballos de los señores (señalando a Ángel y sus amigos), y después os aseguráis, de que está vacío antes de cerrar!
(Las dos perplejas)
(Se oyen truenos y se apreciarán relámpagos.)
¡Sí, que no haya nadie dentro!
CRISTINA: ¿Tú estás bien de la cabeza? ¡Ni loca!
ROSA: ¡Que vaya el zagal, que es hombre!
ZAGAL: ¡Pe... pepe... pepe... pero sin cola! (Negando con el índice y la cabeza) De, de eso...og... o nada. Me da, me da mimi, mimi... eg... edo..
MIGUEL: ¡Estoy defendido con los sirvientes que tengo! ¡No hay miedo que valga! ¡Venga, los cuatro!
CRISTINA: ¡Así me gustan los hombres! ¡Valiente! ¡Torero!
(Los cuatro al mutis por el foro lateral derecho)













ACTO I
Escena 3ª



ÁNGEL, FARFOLLA, JARAPALES, DESCOSIO, LUCÍA.
(Los parroquianos en las mesas siguen a lo suyo. El borracho distraerá la mínima atención del hilo de la trama)
Lucía se acerca al mostrador donde beben tanto Ángel, como sus amigos, ahora con menos bromas, más cabales.
LUCÍA: ¡Chacho, habéis oído lo del Patillas?
JARAPALES: ¿Qué dicen de él, Lucía?
LUCÍA: Parece que los civiles lo buscan por estos contornos... ¡Algo sabrán de él!
FARFOLLA: ¡Eso seguro, Lucía! ¡De sobra saben que es un famoso bandolero! ¡Ese parece ser un buen motivo para que lo estén buscando, ¿no crees?
LUCÍA: ¡Quiero decir, si alguien ha podido dar algún chivatazo, chorlito!
DESCOSIO: ¡Nadie que lo conozca es capaz de hacer una cosa así! Estarán dando alguna batida de rutina... ¿No crees, Jarapales?
JARAPALES: Sí, es lo que se me ocurre a mí. ¡No hay que preocuparse, es tarde y ya se cansarán! ¿No te parece Ángel?
ÁNGEL: No hay que fiarse, Jarapales. Estoy pensando... ¡Por estar tranquilos, claro! ¡No queremos vernos envueltos en ningún lío con la justicia y esos criminales, ya sabéis!
JARAPALES: ¿Quieres que echemos una ojeada, por si acaso?
ÁNGEL: Mayormente, por esta familia y los niños... ¿Comprendes? Estaremos todos más tranquilos si vigiláis las dos entradas del pueblo. Avisadnos, si ocurre algo, ¿de acuerdo?
JARAPALES: ¡Oh, claro, claro! ¡Comprendo!
DESCOSIO: ¡Esto no me lo pierdo!
(Los dos al mutis por el foro lateral derecho)
ÁNGEL: ¡Puede que nos quedemos esta noche aquí, Lucía! ¿Hay habitación para cuatro gamberros?
LUCÍA: ¡Algo encontraremos! ¿Cenaréis, no es verdad?
FARFOLLA: ¡Yo ración doble! ¡Oggg....! ¡Me comería un caballo!
ÁNGEL: ¿Y un conejo, que tal?
FARFOLLA: ¿Si no pueden ser dos? ¡Pero bien de patatas, eh! ¡Bien de patatas!
LUCÍA: ¡Y después al establo!
(Los dos rompen a reír)
ÁNGEL: A propósito, Lucía... ¿Qué opinión tiene la gente por estos lugares de ese tal Patillas, ese cuatrero...
LUCÍA: El Patillas no es ningún cuatrero, Ángel, más pinta de cuatrero puedes tener tu, y nadie te ha llamado así.
ÁNGEL: Perdona, Lucía, no quería ofenderte, sólo pretendía saber lo que opina la gente...
LUCÍA: ¡No hace falta preguntárselo a la gente! ¡Yo misma te puedo decir la clase de persona que es!
(Angel escucha, Lucía calla)
ÁNGEL: ¿Y bien?
FARFOLLA: ¿Lo conocéis? ¿Conocéis a ese bandolero?
LUCÍA: ¡No hace falta conocer la cara de alguien, para saber cómo es! ¡A las personas también puede conocerse por sus obras...!
FARFOLLA: ¿Es albañil?
LUCÍA: ¡Gárrulo! ¡Por las obras que hace, las de caridad, burro!
FARFOLLA: ¡Ah! ¡Ya!
LUCÍA: Es un buen hombre. Es alguien que ayuda a los pobres, que los socorre, y que gracias al Patillas puede comer muchas familias en la región. ¿Es eso ser una mala persona?
ÁNGEL: ¡No! ¡Desde luego que no! Parece que describes a una buena persona, sí.
LUCÍA: ¡Sin duda! ¡Cualquiera en la comarca haría lo que fuera por él, si tuvieran ese privilegio, creédme.
ÁNGEL: ¡Vaya! ¡No sabía que fuera tan popular ese bandido por estos lugares!
LUCÍA: Suele ayudar más a la gente de la Sierra, pero lo sabemos de oídas.
FARFOLLA: ¡Eso he oído yo también, sí!
LUCÍA: ¡Así que no lo vuelvas a llamar criminal! (A Ángel) ¡Será un ladrón, pero tampoco roba para él, sino para los más necesitados y, a los que le roba les sobra de todo.
ÁNGEL: ¡Ya te he dicho que lo siento, Lucía, no sabía de sus andanzas, y mucho menos de sus buenos propósitos. ¡Me gustaría conocerlo algún día!
LUCÍA: ¡Toma, y a mí! Pero eso es algo imposible.
FARFOLLA: ¡Quién sabe! ¡Tú misma has dicho que, incluso puede ser algún parroquiano!
LUCÍA: ¡Qué más quisiera yo!


















ACTO I
Escena 4ª




LUCÍA, DON VENANCIO, FARFOLLA y ÁNGEL.

Don Venancio entra por el foro lateral derecho sacudiéndose el capote mojado por la lluvia.

LUCÍA: ¡Ah, Don Venancio, buenas noches!
DON VENANCIO: ¡La paz de Dios sea con vosotros! ¡Qué nochecita! ¡Hace una noche de perros, Lucía!
LUCÍA: ¡De perros salvajes, parece que se vaya a poner!
DON VENANCIO: ¡Sí, se acerca la tormenta!
LUCÍA: ¡Mal tienen los civiles para buscar al Patillas!
DON VENANCIO: ¡Sí, eso he oído! ¡También es mala suerte que se deje caer ese bandolero por aquí!
ÁNGEL: ¿Por qué dice mala suerte, padre?
DON VENANCIO: Con un bandolero así no se puede estar tranquilo, hijo. Peligran las cosechas, los jornales, la gente no podrá cobrar sus sueldos si ese bandido los roba.
FARFOLLA: ¡Para lo que les vale!
DON VENANCIO: ¿Qué quieres decir, hijo?
FARFOLLA: ¡Pues eso! ¡Si de cinco reales que ganan, les pagan cuatro, tres son de impuestos, ¿cree que con uno tienen bastante para comer?
DON VENANCIO: ¡Son malos tiempos, hijo! ¡Son malos tiempos! El patrón hace lo que puede... también él tiene lo suyo que pagar, no creáis.
ÁNGEL: ¿No está la vida para tirar, ¿verdad padre?
DON VENANCIO: No, no lo está, veo que tú sí lo entiendes hijo. ¡Es duro, pero es así!
ÁNGEL: ¿Quiere decirme, porque los únicos que tiran y mucho, en estas tierras, son siempre los mismos? ¡Perdóneme usted, padre, no quisiera ofenderle!
FARFOLLA: ¡Eso! ¿Por qué tanta cacería, tanto caballo, tanto galgo y tanta escopeta? ¡Y el pobre un pollo, y de feria en feria!
DON VENANCIO: No se alcanza el cielo comiendo caza, hijos míos... bastante hacen los pobres con ofrecer puestos de trabajo, que apenas puede mantener, debéis creerme.
Se puede dar uno por satisfecho si puede realizarse como persona, si puede lograr un trabajo con el que mantener a sus hijos, eso ya es algo por lo que debemos mostrar gratitud, a aquel que con sacrificio lo ofrece.
FARFOLLA: ¡Y yo creyendo que me explotaban! ¿Cómo puedo ser tan burro que no me haya dado cuenta? ¿Entonces, padre... usted cree que si en lugar de trabajar doce... bueno, de sol a sol, si siguiéramos en el campo de noche, viviríamos mejor? ¿Cree usted que los patronos sufrirían menos?
DON VENANCIO: ¡No, hijo, no! ¡No he querido decir eso! ¡Todos sabemos los tiempos tan malos que corren, cada uno debe aportar su granito de arena, para superar el tiempo de las vacas flacas!
ÁNGEL: ¡Tiene usted razón, padre! ¡Ese bandolero debe creerse que esto es Jauja! ¡Total por nada, algún tiro que dicen que ha recibido tratando de llevarse ese grano de arena! ¡Que luego no era ni para él! Según dicen, era para dárselo a los más pobres de la comarca, porque para él...y siempre por lo que dicen... le ha tocado durante toda su vida las vacas flacas esas que dice usted.
FARFOLLA: ¡Y tan flacas! ¡Ni pa caldo! (Excusándose sarcástico) ¡Según dicen! ¡Según dicen!
DON VENANCIO: ¡Tenemos mucha soberbia, hijo! ¡Mucha soberbia! ¡No creáis que es más rico el que tiene mucho, no. Si no el que menos necesita, con un espíritu limpio y una conciencia tranquila, ¿no es verdad, Lucía?
LUCÍA: ¡Tiene mucha razón, padre! Pero si las penas no las alimentas con un cacho pan, en poco tiempo te pueden mandar un recado del otro lado, usted ya me entiende.
DON VENANCIO: ¡Bueno, bueno, no dramaticemos! ¡El señorito bastante hace por vosotros! ¡Gracias a él, ya ves! (Señalando a los parroquianos y al borracho) ¡Podéis permitiros el lujo incluso hasta de beber! ¡Y eso es gula, hijo mío, gula!
















ACTO I
Escena 5ª



DON VENANCIO, LUCÍA, FARFOLLA, ÁNGEL, MIGUEL y ZAGAL.

(Entrando por el foro lateral derecho Miguel y Zagal...)

MIGUEL: ¡No tenías que haber permitido que fueran solas! ¡Tenías que haber ido tú con ellas!
ZAGAL: ¡Llu... llu...llue...
FARFOLLA: ¡Un yuyu te va a dar como no arranques!
ZAGAL: ¡llueve, eve... mucho! ¡Jodér! (Excusándose al párroco) Pepe... pepe... perdone, pa...papa... papadre.
DON VENANCIO: ¡Esa lengua, Zagal. El domingo te quiero ver en el confesionario.
ZAGAL : Cla... claro, padre... lo, og... que usted, ed...ed... diga.
MIGUEL: ¿Qué tal, padre? ¿Cómo ésta noche por aquí?
DON VENANCIO: ¡No estoy tranquilo con ese bandolero suelto, Miguel.
MIGUEL: No debe preocuparse, padre, dicen que no es malo...
DON VENANCIO: ¡Si está fuera de la ley, no puede ser bueno! ¿Es un bandolero, no? ¿Y los bandoleros roban, no es así? ¿Matan? ¿Es eso ser bueno para ti?
MIGUEL: Bueno, yo... No creo haber oído que halla matado...
DON VENANCIO: No nos engañemos, es un bandido, y como a tal lo castigarán cuando le pillen. Es más; hasta entonces, estoy obligado a rezar por todos vosotros, ya que no lo hacéis ninguno (señalando a todos los presentes), por vosotros mismos.
FARFOLLA: ¡Le prometo que si aprendo a leer y escribir rezaré, padre! ¡Se lo prometo!
DON VENANCIO: Eso está bien, hijo. ¡Pero no hace falta saber de letras para rezar! ¡Qué falta os hace saber de números y de letras, a ver! ¿Té sirve de algo saber que los árabes estuvieron en la península ibérica durante siglos? ¿Para qué te sirve saber quién fue Guzmán el Bueno, Recaredo, Viriato?
FARFOLLA: ¡Pues casi que tiene usted razón, Don Venancio! ¡Para qué potra me serviría saber quiénes fueron esos tíos!
DON VENANCIO: ¡Pues claro, hombre! ¡Y con los números iden de lo mismo! ¡Esas cosas hay que dejarlas para otros, para los que viven de eso y lo entiendan!
ÁNGEL: Veamos si lo he entendido, padre. ¿Nos está tratando de decir que, conque nos aprendamos de memoria los rezos, y si nos esforzamos más en nuestro trabajo, es posible que tengamos una parcelita en el cielo? ¿Es eso?
DON VENANCIO: Es el mejor consejo que puedo daros, para que seáis hombres de provecho, y no un bandido asalta caminos, como ese renegado del Patillas, o como se llame.
FARFOLLA: ¡Qué bonito! ¡Yo sí quiero ser un hombre que tenga eso que usted dice, padre! ¡Provecho! ¿Eso son los hombres que comen bien, no padre?
ÁNGEL: ¡No seas cafre, Farfolla! ¡No piensas más que en comer!
DON VENANCIO: A propósito; dame un caldo Lucía, por favor, antes que me congele. (Refregándose las manos al dirigirse a la mesonera)
LUCÍA: Tengo su favorito, Don Venancio, un caldo de pollo que quita el sentio.
DON VENANCIO: Gracias, buena mujer.
LUCÍA: Lo hago especial para usted y para don Braulio, que... por cierto, ¿es raro que no haya venido hoy todavía?
FARFOLLA: ¡Estará desplumando perdices!
LUCÍA: ¡Calla, cafre! ¡Alguna obligación le tendrá retenido, ¿no es verdad, Don Venancio?
DON VENANCIO: ¡Por supuesto! ¡Ya os digo, que no es nada fácil ser patrón! ¡No quisiera para mí el rompecabezas del cortijo!
FARFOLLA: ¡Pobre hombre, acabará exhausto! ¡Cada vez me da más pena de él! ¡Tantas fiestas, viajes, trajes, tanto comer y tanto beber! ¡Debe ser agobiante! ¡Y para colmo el cortijo, las tierras, a caballo por ellas con esa jauría de galgos, y sus escopeteros a pie detrás de él! ¡Yo no valdría para llevar esa vida!
ÁNGEL: ¡Compórtate Farfolla! ¡Cada cosa en su momento!
FARFOLLA: ¡No, si lo digo en serio! ¡Esa vida de perros me mataría!
LUCÍA: ¡Venga, chicos, haya paz! ¿Qué va a pensar el padre de vosotros? ¿Es que no sabéis comportaros de otro modo?
MIGUEL: Estoy seguro que no ha querido ofender al párroco, ¿verdad que no, Farfolla?
(Con claro signo de arrepentimiento fingido)
FARFOLLA: ¡No, claro que no! ¡Bien mirado, no sé ni lo que he dicho! ¿Me lo puedes explicar tú, Ángel?
ÁNGEL: ¡Olvídalo! ¡Nos preocupaba la presencia de ese bandido en los alrededores, ya sabes, ese tal Patillas o como se llame.
FARFOLLA: ¡Ah, sí! ¡Ese criminal!
LUCÍA: ¡Tampoco te pases, hombre!
FARFOLLA: ¡En qué quedamos, es un ángel o, un diablo!
ÁNGEL: ¡¡¡Farfolla!!! (Grito) ¡Será mejor que mandes a callar al vino, ¿no te parece?
FARFOLLA: ¡Chitón! ¡No diré si esta boca es mía!
ÁNGEL: Sería mejor que hicieras el trabajo de Jarapales y le digas a él que se venga a descansar, ¿qué te parece?
FARFOLLA: Sí... será mejor... ¡El trabajo me llama! ¡Me voy a purificar un poco!
DON VENANCIO: Ve con Dios, hijo.
FARFOLLA: ¡Que él le acompañe a usted también, padre! ¡Buenas noches!
(Mutis por el foro lateral derecho)
MIGUEL: No cabe duda, que las mejores mojamas son como aquella (señalando al borracho), un hombre que lo mismo que la coge, la pela, sin meterse con nadie.
ÁNGEL: No sé qué le puede ocurrir, perdónele usted, padre... el vino, ya sabe.
DON VENANCIO: ¡No te preocupes, hijo! Soy párroco, un trabajo poco agradecido, por desgracia me veo obligado a ver y oír tantas cosas... ¡Si estuviera en mi mano erradicar todas las miserias de los hombres! ¡Pero no es así! ¡Ni Dios puede arreglar las cosas que los hombres tan... a conciencia estropean.
LUCÍA: ¡Su caldo Don Venancio!
DON VENANCIO: ¡Buena pinta tiene, Lucía, gracias!
LUCÍA: ¡Tiene mejor sabor! ¡Que le aproveche!















ACTO I
Escena 6ª



ÁNGEL, LUCÍA, MIGUEL, DON VENANCIO, JARAPALES, DON BRAULIO Y JEREMÍAS.

(Jarapales por el foro lateral derecho)

JARAPALES: ¿Ocurre algo, Ángel, parece que he visto preocupado a Farfolla?
ÁNGEL: ¡No, nada! ¡Ha cogido la mona habladora, eso es todo!
JARAPALES: ¡Entiendo! (Dirigiéndose al cura con un fingido respeto) ¿Qué tal padre?
DON VENANCIO: Bien, hijo, bien. Con el caldo de Lucía, mejor. ¿Con esta noche?
JARAPALES: ¡Y que lo diga, padre! ¡Esta noche no se oye ni a los lobos en la sierra!
DON VENANCIO: También ellos son criaturas de sangre caliente, y cuando hace frío, hace frío para todos.
JARAPALES: ¡Claro, claro! Dame algo caliente Miguel, que me desmonto de frío.
MIGUEL: ¡No es para tanto, hombre! ¡Las he visto peores!
JARAPALES: Yo también las he pasado peores, Miguel, pero lo pasado, pasado está, y ya no recuerdo el frío que tenía, en cambio éste lo estoy pasando ahora.
MIGUEL: ¡No, si te tendré que dar la razón!
JARAPALES: ¡Pues claro! (Frotándose las manos por el frío) Bueno... ¡qué tal! ¿Has decidido ya si nos quedamos? (A Ángel)
ÁNGEL: Es lo mejor. Es más seguro quedase aquí, ya ves la noche que hace, así no podemos emprender el viaje.
JARAPALES: Si, ya veo que está la “atmósfera” revuelta. Ya veremos, si amanece más tranquila la cosa. (Algún gesto se referirá a los "civiles")
ÁNGEL: ¡Seguro! ¡Mañana será otro día!
(Por el foro lateral derecho, hace su aparición don Braulio con una rosa en la mano, y el toca-pelotas de Jeremías)
DON BRAULIO: ¿Aseguraste las corraletas y los chiqueros? (Con la rosa en la mano)
JEREMÍAS: ¡Sí, amo! ¡Hasta bien entrada la noche, no quería venirme sin asegurarme que estuviera bien el ganao!
DON BRAULIO: ¡No vaya a ser, que con la tormenta tengamos algún percance! ¡Ya sabes las perras que vale cada cabeza!
JEREMÍAS: ¡Le juro por mi salud, que eché la tranca!
DON BRAULIO: (Con gesto despreciativo y por encima del hombro...) ¡Está bien, está bien! ¡Pero que sepas que saldrá de tu sueldo si ocurre algo!
JEREMÍAS: ¡Lo que usted diga, señorito! (Humillación)
MIGUEL: ¡Buenas noches, don Braulio! ¿Qué tal, cómo está usted?
DON BRAULIO: ¡Cómo quieres que esté con la noche que hace! ¡Empapao y cabreao!
(Dirigiéndose a los forasteros, Ángel y Jarapales, así como a Don Venancio)
¡A la paz de Dios! ¿Padre...? Beso su mano.
ÁNGEL: ¡Qué esté empapao se entiende...! ¿Pero cabreao? ¿También la gente fina y con "educación" se cabrea?
DON BRAULIO: ¡Tengo mis motivos, gañán!
ÁNGEL: ¡Si eres un señorito de letras, como asegura aquí Don Venancio, más te vale poner los puntos sobre las íes! ¡No te equivoques y me tomes por un perro de los tuyos!
DON BRAULIO: ¡Yo hablo dónde y cómo me dé la gana! ¡Sólo faltaba que un gañán del tres al cuarto me reprendiese! ¡A mí! ¡A don Braulio de Mendoza y Valencia, nieto de sangre noble!
JARAPALES: ¡Eso habría que verlo!
ANGEL: ¡Fino, el señorito!
JEREMÍAS: ¿Cómo te atreves a faltarle al respeto a mi amo? (A Jarapales)
JARAPALES: ¡Yo ni falto, ni me sobro, estoy! ¡Y estoy para el que me busque!
MIGUEL: ¡Eh,eh,eh! ¡Será mejor que bajen esos humos, chicos! ¡No quiero zaragatas en mi casa!
DON BRAULIO: ¡No puedo consentir este talante de un desarrapado!
MIGUEL: ¡Le comprendo, señor! ¡Seguro que ha ocurrido un malentendido, ¿no es así? (A Ángel y Jarapales)
ÁNGEL: No, no ha sido un malentendido, Miguel. Si la sangre azul solicita respeto del humilde caldo rojo... nosotros también exigimos el mismo respeto. ¿No somos todos iguales a los ojos de Dios? (Al cura) ¿O me equivoco, señor cura?
DON VENANCIO: Eso dice la ley de Dios, sí...
JEREMÍAS: ¡Y no dice, que no se debe morder la mano que te ofrece el pan?
JARAPALES: ¡Perdóname señor si le suelto un mamporro a éste lamedor! (Mirando al cielo) ¡Sin querer, claro! ¡Sin querer!
ÁNGEL: ¡Guarda tu rabia en las alforjas, Jarapales! ¡Piensa que para todo hay un momento! ¡Tranquilo!
DON BRAULIO: ¡Muertos de hambre!
JEREMÍAS: ¡Diga usted que sí, amo! ¡Algún día pedirán trabajo en el cortijo! ¡Ese día yo os enseñaré!
ÁNGEL: (Cogiéndolo por la solapa) ¡Dale gracias al cielo porque eso no ocurra!
JEREMÍAS: ¿Eh, qué?
ÁNGEL: ¡Puede que ese día tu lengua esté tan fina de lamer, que pueda permitirte sacarle brillo a mis botas! (Soltándolo de un empujón)
DON VENANCIO: ¡Haya paz, por Dios! ¡Allá paz!
DON BRAULIO: Perdone usted la trifulca, padre, la culpa es mía por relacionarme con la chusma.
JARAPALES: ¿Lo estás oyendo? (A Ángel)
ÁNGEL: ¡Déjalo estar! ¡No quiero zaragatas esta noche!
JARAPALES: ¡Te juro que yo...!
JEREMÍAS: ¿Quieres un buen consejo? (A Jarapales)
JARAPALES: (Gruñendo) ¡Grrr....!
JEREMÍAS: De ser tú, yo le haría caso a tu amo.
JARAPALES: ¡Adiós gracia que no soy tu! ¡ Velaí por lo que no tengo amo! ¡Los amos los tienen los perros, como tú!
JEREMÍAS: (Burlón) Ja,ja,ja...
DON VENANCIO: ¡Tranquilícese, Don Braulio, tiene que cuidar ese corazón!
DON BRAULIO: ¡No puedo echarme a dormir con estos... estos... no sé ni cómo llamarlos!
JARAPALES: ¡Llámalos personas!
DON BRAULIO: ¿Sabe padre, la última que me han hecho?
DON VENANCIO: ¿Qué ha ocurrido? ¿Algún problema con el bandolero?
DON BRAULIO: ¿Para qué queremos bandoleros? ¡Si la peor gente, la tengo dentro de mi propia casa! ¿Usted conoce el granero del cortijo? ¡Pues se han dejado anegar el silo, ¿qué le parece?
¡Ah, pero esto no queda así! ¡Les haré pagar hasta el último grano! ¡Ya lo creo, que lo pagarán, y caro!
LUCÍA: ¡Qué culpa tienen los pobres! Aquí tiene su caldo, don Braulio.
DON BRAULIO: ¡Toda! ¡Si hubiesen puesto los medios, eso no habría ocurrido!
ÁNGEL: Jarapales, recuérdame cuando necesitemos agua en la sierra, que le pidamos a esa buena gente que haga llover.
JARAPALES: ¡Cómo está mandao!
DON BRAULIO: ¿Se puede saber con quien tengo el "honor" de hablar? (Mofa a Ángel)
ÁNGEL: Tiene el privilegio y el honor de hablar con Ángel... Angel a secas.
DON BRAULIO: ¡Yo haré que te tragues tú soberbia descarado!
JARAPALES: ¡No, no creas, tiene cara, y muy dura!
DON BRAULIO: ¡A los dos os sobra la cara dura!
JARAPALES : Ja,ja,ja,ja,ja....
JEREMÍAS: ¿Aviso a los civiles, amo?
MIGUEL: ¡Tengamos la fiesta en paz!
DON VENANCIO: ¡Calma hijos, no os ofusquéis! No ha pasado nada, estoy seguro que la tormenta nos está afectando a todos, ¿no lo crees tú así Lucía?
LUCÍA: ¡No hay nada que no pueda arreglar un buen caldo de pollo como éste! ¡Se sienten los señores!

(Jeremías sigilosamente al mutis por el foro lateral derecho)











ACTO I
Escena 7ª



ÁNGEL y JARAPALES sentados, MIGUEL y LUCÍA con el trajín propio de la escena, don BRAULIO y Don VENANCIO al foro en la barra. (Todos ellos en diálogo silencioso, mudo) Entran al foro lateral derecho ROSA y CRISTINA.

CRISTINA: ¡Qué suerte, Rosa!
ROSA: ¿Cómo iba yo a imaginar eso de don Braulio?
CRISTINA: ¿Qué mejor partido que ese, chiquilla? Lo que no sabía, es que fuera tan romántico. ¡Dejarte una rosa en tu ventana cada día!
ROSA: ¡ Chiiiis...! ¡Calla! ¡Está aquí!
CRISTINA: ¡Y con su Rosa! ¡Qué hombre! ¡Guapo, rico y dulce, como a mí me gustan! ¡Ummm...! ¡Si no lo quieres, me lo repasas, ¿vale?
ROSA: No sé... ¡Si se acerca... ¿qué hago?
CRISTINA: ¡Le sigues la corriente! Seguro que quiere declararse esta noche.
ROSA: ¿Piensas que hoy me dará la rosa en persona? ¿Que se declarara?
CRISTINA: ¡Pues claro, tonta! ¡Que te lo digo yo!
ROSA: No sé... jamás me habría imaginado de don Braulio... Además yo...
CRISTINA: ¡Ahora lo puedes creer! ¡Lo guapo que está con ese traje campero, las botas camperas, la mascota... es todo campo y perras. ¡Se ha fijado en ti! ¡Ahy, que viene! ¡No mires, no mires! Te observa de arriba a abajo ese bonito traje de volantes que llevas. Le debe gustar el añil de tus caderas, no te quita ojos... ¡Oh, me voy que se acerca! ¡Luego te veo, Rosa!
ROSA: ¡No me dejes sola! ¿Y tú te consideras amiga mía?
CRISTINA: ¡Adiós...! (Burla graciosa)
DON BRAULIO: ¡Hola, Rosa! ¡Te veo resplandeciente! Eres la única estrella que luce en esta noche de lobos. (Cinismo)
ROSA: Gracias, don Braulio, es usted muy amable.
DON BRAULIO: ¿No te parece...? ¡Bueno, quiero decir...! Que me gustaría que me tuteases, no soy tan mala persona como aparento. (Después de mirar la rosa) ¿Me aceptarías ésta rosa, de alguien que te aprecia? (Sarcasmo)
ROSA: ¡Don Braulio, yo...!
DON BRAULIO: ¿Te ha dicho alguien que bailas como los ángeles? ¡Bueno, supongo que sí!
ROSA: Gracias por el detalle, don Braulio. (Por la rosa)
DON BRAULIO: ¿Te gustan las rosas?
ROSA: Sí, mucho.
DON BRAULIO: Por muy hermosa que sea esta flor, su belleza no puede compararse con la rosa de ojos verdes que tengo delante. (Intención lasciva)
ROSA: ¿Qué es lo que pretende, don Braulio? Le agradezco el detalle que ha tenido al regalarme la rosa... pero no me gustaría que pensase que soy una mujer fácil...
(Miradas de recelo desde la mesa: Ángel)
¿Cuáles son sus intenciones? ¿Qué pretende conseguir con esto? (Enseña la Rosa)
DON BRAULIO: ¿No te das cuenta, que estoy loco por ti, Rosa? Desde que te conozco, no pienso en nadie más que en ti.
ROSA: ¡Don Braulio!
DON BRAULIO: (Cogiéndola por la cintura) Me harías el hombre más feliz de la tierra, si me dijeses que sí. ¡Te deseo, Rosa!
(Ángel se pone en pie al ver la escena)
ROSA: ¡Suéltame! (Zafándose de sus manos) ¡Quiero que me olvide, don Braulio! ¡No creo haberle dado pie para que piense, que soy una cualquiera!
DON BRAULIO: (La vuelve a coger de los codos) ¡Te amo Rosa, si tú quisieras podrías vivir como una reina! ¡Podrías dejar este lugar! ¡Te ofrezco la oportunidad de emparentar con la nobleza!
ROSA: ¡Me importa un comino la nobleza! ¡Me da la impresión de que me ha confundido con un juguete! ¿Cree que me ciega la posición, su fortuna y sus títulos?
(Zafándose de nuevo de sus manos) ¡Yo soy más honrada que todo eso!
DON BRAULIO: ¿No son esas cosas las que buscáis en un hombre? ¿No es estabilidad y comodidad, riquezas y posición lo que buscáis las mujeres?
ROSA: ¡Qué equivocado está! ¡Una mujer busca sinceridad y ternura! ¡Esas son cualidades que usted ignora! ¡No creo que esa piedra que tiene por corazón, haya sentido jamás el más mínimo hilo de afecto y lealtad hacia nadie! ¡Es un hombre mezquino y rencoroso, alguien que sólo piensa en él mismo, en su vanidad, su posición!

¡Alguien que no le importa pisotear los sentimientos de los demás, si con eso consigue inflar su ego, y demostrarse a sí mismo que es un ser superior, motivo por el que se cree con derecho a disponer a su antojo sobre las vidas humanas, jugando a ser Dios! ¡No, don Braulio, no! ¡No es ese el retrato del hombre que yo puedo amar! ¡Es justo el retrato que yo más puedo odiar!
DON BRAULIO: ¡Serás mía por las buenas o por las malas, me oyes! Yo haré que se humille ese orgullo que tienes. (Cogiéndola por el talle)
(Ángel interviene indignado)
ROSA: ¡Eso será algo que no ocurrirá jamás! ¿ Me oye? ¡ Jamás!
ÁNGEL: ¡¡Suelta a esa mujer!!
DON BRAULIO: ¡Será mejor que no te metas donde no te llaman, gañán!
ÁNGEL: ¡Te repito que sueltes a esa mujer!
DON BRAULIO: ¡Largo! ¡Esto no es de tu incumbencia!
ROSA: ¡Suéltame maldito hipócrita!
ÁNGEL: (Lanzándole un directo a la mandíbula) Ya has oído a la señorita... (Con don Braulio en el suelo) ¡Y no le vuelvas a poner tus sucias manos encima o, comprobaré por mí mismo si en verdad tu sangre es azul, como aseguras!
DON BRAULIO: ¡Me pagarás esta humillación con tu vida! ¡Lo juro! ¡Te arrepentirás de haberme puesto las manos encima, te lo aseguro!
ÁNGEL: ¡Me gusta pagar mis deudas! ¡No te quepa duda, que si me buscas, me encontrarás! ¡Y ahora largo!
(Don Braulio al mutis por el foro lateral derecho. Rencor)
ROSA: Gracias, Ángel. (Lanzando la rosa al que se va) Cree que su dinero puede comprarlo todo.
ÁNGEL: ¡Lo sé, Rosa! Espero que no vuelva a molestarte...
ROSA: ¡Olvídalo, no lo hará!
ÁNGEL: ¡Te equivocas, Rosa, volverá! Conozco bien a ese tipo de personas, su orgullo no le permitirá olvidar un capricho. Es de esa clase de personas que cree, que todo aquel que está por debajo de él, le pertenece...
ROSA: ¡No quiero que te ocurra nada por mi culpa, Ángel, olvidado! Pensé que podía ser él, el que me pone la rosa en mi reja cata día, eso me engañó, creí que a pesar de su apariencia podía ser una persona sensible y cariñosa... Aunque yo...
ÁNGEL: ¿Qué te ocurre, Rosa? ¿Creíste que él...? ¡Dios!
ROSA: ¡A Dios gracias, he podido ver sus intenciones a tiempo!
JARAPALES: ¡Menos mal que has guardado tu ira en el morral! ¡Gracias a que no querías zaragatas esta noche! ¡De no haber sido así, podías haberte metido en un buen lío...! ¿No te parece, Ángel?


ÁNGEL: ¡Lo hecho, hecho esta! ¡Alguien tenía que poner en su sitio a esa sabandija!
JARAPALES: ¡Ese es mi ángel! ¡Viva la madre que te parió!



Fin del primer acto.













ACTO II
Escena 1ª



El segundo acto dará comienzo exactamente como terminó el primero. Se retoma la trama en el mismo punto donde se dejó.

ÁNGEL, ROSA, CRISTINA, MIGUEL, LUCÍA, DON VENANCIO, JARAPALES...

Ángel y Rosa en primer término, y central, Cristina y Don Venancio al foro en la barra, Jarapales de pie en la mesa, Miguel y lucía con el trajín propio del local en segundo término.
(Se acerca a primer término Cristina)


CRISTINA: ¿Qué ha ocurrido?
ROSA: Que es un malage, Cristina... es exactamente la clase de persona que representa ser.
CRISTINA: ¿Y las rosas?
ÁNGEL: Está claro, que un tipo así no puede cortejar a una dama con flores.
CRISTINA: ¿Qué me estáis diciendo, que no era el...? ¿Entonces...?
ROSA: ¡No importa, Cristina, dejémoslo así!
(Rosa a segundo término apenada)
CRISTINA: ¡Pobre! Estaba convencida... bueno; no exactamente... creí que era don Braulio el hombre que le coloca las rosas todos los días en su reja.
ÁNGEL: ¿Por qué crees eso? ¿Qué te hace pensar que pueda ser él?
CRISTINA: Antes cuando salimos a mirar las cuadras, le vimos ante su reja con la rosa en la mano...
(Jarapales detrás de ellos en primer término) Creímos que se disponía a ponérsela en la reja.
JARAPALES: Te equivocas, moza...
CRISTINA: ¿Eh?
JARAPALES: Lo que hizo exactamente fue quitarla de dónde estaba, y la aprovechó después para regalársela a Rosa.
(Ángel calla y deja hablar)
CRISTINA: ¿Por qué estás tan seguro? ¿Viste lo que hizo acaso?
JARAPALES: ¡Exacto! Venía de camino él y su perro de confianza, le llamó la atención la rosa en la reja y la cogió.
CRISTINA: ¡Ya me extrañaba a mí que alguien así tuviera una pizca de ternura en algún rincón! ¡Aunque tengo que reconocer, que de tenerla, sería un buen partido!
ÁNGEL: A las personas hay que juzgarlas por lo que atesoran en la caja de música, Cristina.
CRISTINA: Tienes una forma de decir las cosas, que embelesa...
ÁNGEL: ¡Cómo siento este malentendido! (Silencio) ¡No, no me importa en absoluto el haber ofendido a una sabandija como don... como se llame! ¡Hijo y nieto de no sé quién!
JARAPALES: ¿Se lo dices tú, o lo hago yo?
CRISTINA: ¿Qué quieres decir? ¿Hay algo que deba saber yo, que no me hayáis dicho?
ÁNGEL: (Silencio)
JARAPALES: Es Ángel, el que le pone la rosa cada noche...
CRISTINA: ¿Cómo? ¿Es eso cierto?
ÁNGEL: Lo es; pero aún no quiero que lo sepa, ¿entiendes?
CRISTINA: ¿Y eso por qué, chiquillo?
ÁNGEL: Tengo mis motivos, créeme.
CRISTINA: ¿Qué motivos puedes tener para no declararle abiertamente tu amor? ¿Es que hay algo más hermoso que eso? ¿Crees que puede rechazarte?
ÁNGEL: No, no es eso... se lo diré en su momento, créeme...
JARAPALES: Yo pienso...
ÁNGEL: ¡Pues no lo hagas! ¡Relajarte y deja que sea yo, quien tome mis propias decisiones!
JARAPALES: ¡Quizá te pueda acarrear más problemas retardándolo, que decirle la verdad! Ya sabe lo que opina la gente...
ÁNGEL: ¡Calla! ¡Empiezas a hablar como Farfolla. Ya sabes que pienso que todo tiene su momento, y estoy seguro que este llegará.
JARAPALES: Sí, pero el señoritingo...
ÁNGEL: ¡Déjalo de mi cuenta!
CRISTINA: ¡No sé por qué me da, que me estoy perdiendo algo!
ÁNGEL: ¡No le descubras que soy yo el que le deja las rosas! ¿Me has oído?
CRISTINA: ¡Está bien, está bien! ¿Si tú lo dices? Pero pienso igual que tu amigo, yo se lo diría.
ÁNGEL: ¡Pues yo no! Aún no...
(Se acerca don Venancio a primer término)
DON VENANCIO: No has debido ofender a don Braulio, hijo...
(Cristina al foro con Rosa. La consuela)
ÁNGEL: ¡No puedo creer que piense que he sido yo el que ha ofendido! ¿Ha visto su comportamiento con Rosa?
(Rosa y Cristina por el foro lateral derecho)
CRISTINA: No te pene Rosa... tienes razón, no es la persona que yo sospechaba que podía ser. ¡Acompáñame!
JARAPALES: ¡Espera! (A Rosa y Cristina) ¡Tengo que hablar con vosotras!
ÁNGEL: ¡Cuida que el vino no hable, Jarapales!
JARAPALES: ¡Lo sé, tranquilo!
(Los tres al mutis por el foro lateral derecho )
















ACTO II
Escena 2ª



ÁNGEL Y DON VENANCIO



DON VENANCIO: Es un hombre poderoso y puede hacerte mucho daño, hijo.
ÁNGEL: Si él tiene poder por su rango y posición... y por sus perras, claro... mi poder lo tengo aquí en la faja. (Le enseña la navaja)
DON VENANCIO: ¡Por Dios, Ángel! ¡No cometas una locura!
ÁNGEL: No es ésta mi intención, padre... pero tampoco consentiré que ofenda a Rosa, que mancilla su nombre.
DON VENANCIO: ¿Tienes algún interés especial en esa criatura?
ÁNGEL: Pues verá, padre; aunque sé que puedo arrepentirme de mi confesión con usted, le diré que sí. Para mí Rosa es... es como un ángel que serena mi espíritu. Rosa es una hembra tan dulce, tan bondadosa y tan buena, que se merece que el hombre que la ame sepa valorar esas cualidades tan hermosas que tiene. Le puedo decir que yo no he amado nunca, padre, no estoy seguro de conocer el amor como tal, lo que sí le puedo decir es, que por esa mujer... bueno... es una mujer por la que daría la vida si fuera necesario darla, si con eso consigo su felicidad o, al menos logro que no sea desdichada.
Mi alma no había sentido jamás, esta sensación de paz que siento cuando la tengo cerca... pero mi sino me separa de ella... no estoy seguro de que me comprenda...
DON VENANCIO: Sí, pero don Braulio...
ÁNGEL: ¡A la mierda don Braulio! ¿Quiere que le diga lo que pienso de ese gusano, padre? ¿Quiere oír lo que es en realidad ese alfeñique? ¡Pues yo se lo diré! Es una persona, al que la vanidad y el orgullo le han endurecido tanto el corazón, que es imposible que pueda penetrar en él, el más mínimo rayo de luz, de amor, de sensibilidad, de comprensión, de ternura, de bondad o de cariño!
Su sangre azul... no, quizá no la sangre, sino el dinero unido a una personalidad déspota y ruin, hace que su ego se inflame tanto, que crea estar por encima del mundo. ¡No puede jugar a ser Dios con las personas como lo hace!
¿Por qué no reconoce el abuso y la explotación a la que somete a sus obreros? ¿También cree, que su posición le da el derecho de pernada con las mujeres del pueblo? ¿Cree que puede esconder en su corazón algún resquicio cristiano? ¡No, no puedo creer que piense eso! ¡Pero, claro! Tiene que defender su actitud.
¿Le da derecho también su posición social, a la protección por parte de la iglesia?
DON VENANCIO: Pues...
ÁNGEL: ¡No! ¡Dios, como me duele decir lo que pienso!
DON VENANCIO: Hijo... Las cosas son, como son...
ÁNGEL: ¡Mierda! Con perdón... pero no puedo darle la razón, padre. El ser humano nace libre, ¿No es cierto?
DON VENANCIO: Sí, claro... y lo somos, hijo, y los somos...
ÁNGEL: ¡Pues no justifique el comportamiento de ese hombre!
DON VENANCIO: Quizá... la ame...
ÁNGEL: ¡No insista, padre! No puedo esperar que me comprenda, pero al menos no lo defienda, trate de entender lo que... bueno, lo que un corazón libre puede sentir y desear... piense en Rosa, y deje que sus sentimientos sean los que guíen su destino, que nadie como el señoritingo le imponga su voluntad. ¿Podrá hacer eso al menos? ¿Podrá dejarla escoger? ¿Dejará que decida sobre su vida y sus sentimientos?
DON VENANCIO: ¡No quisiera que pensases de mí, que soy una bestia comedor de niños pobres, Ángel!
Mi postura es intentar que las buenas gentes de este lugar vivan en paz y en gracia de Dios.
ÁNGEL: Sí, ya, le entiendo.
DON VENANCIO: No, no creo que me entiendas, Ángel, pero algún día lo comprenderás, algún día entenderás, que este pobre ministro de Dios en la tierra, tiene la misión de unir en santo sacramento a seres que se amen y se respeten entre ellos, jamás consentiría alguna unión por conveniencia a sabiendas, y mucho menos por coacción... ¿comprendes? Así que por lo que veo, te aconsejo que la hagas partícipe de tus intenciones... o...
ÁNGEL: ¿O que, padre?
DON VENANCIO: ¡Que no permitas que entre ningún gusano en esa manzana! ¡Jodér! ¡Perdóname, Dios mío, que no sé lo que me digo!
(Hace la señal de la Cruz de su frente a su pecho, luego se santigua)
ÁNGEL: Sé lo que me quiere decir, padre, pero créame que aún no puedo... no puedo declararle mi amor, aunque ésta brasa me esté consumiendo por dentro. ¡Y lo siento! ¡Créame que lo siento!



























ACTOII
Escena 3ª



En escena primer término, ÁNGEL y DON VENANCIO, al foro lateral derecho, CRISTINA, ROSA, JARAPALES y ZAGAL. MIGUEL y LUCÍA en mesas.

ROSA: No debí hacerme ilusiones... ¡Tonta de mí! ¡Amando a otro!
CRISTINA: La culpa es mía, te creé una ilusión con el afán de verte feliz.
(DON VENANCIO y ÁNGEL al foro, central)
(ROSA, CRISTINA, ZAGAL y JARAPALES a primer término central)
ROSA: ¡Lo que no comprendo es, que me ha hecho dudar!
JARAPALES: ¿Qué quieres decir, Rosa?
CRISTINA: ¡Cosa de mujeres, Maruja!
(A Jarapales para volverse hacia Rosa) ¿Qué quieres decir, Rosa?
JARAPALES: ¿No es eso lo que he preguntado yo?
CRISTINA: ¿La quieres dejar hablar, que la agobias?
JARAPALES: ¡Mujeres, todas hembras!
CRISTINA: ¿Qué te preocupa, Rosa? ¿No quisiera que por mi culpa...?
ROSA: ¡No, no tienes la culpa de nada, Cristina! Sólo que...
CRISTINA: ¿Quieres romperme tú ahora el corazón? ¡Vamos, dime!
ROSA: Mi gran amor...
CRISTINA: ¡Lo sabía! ¡Hay algún zagal que te hace tilín! ¿Pero cómo no me lo habías dicho, chiquilla?
ROSA: Él no parece que me haga mucho caso, quizá no le guste o, tenga novia... tal vez puede que esté casado.
JARAPALES: ¿Se puede saber quién es esa bella persona? ¡Tú no puedes enamorarte de nadie!
CRISTINA: ¿Y eso por qué? ¿Hay alguna razón por la que deba hacerte caso, pánfilo?
JARAPALES: ¡Tal vez, ya sabes! (Gesto indica a Ángel)
CRISTINA: ¡Oh, sí! ¡Pero deja que sea ella la que se explique, jolín!
CRISTINA: Tienes que actuar como te indique tu corazón, amiga Rosa, no debiste hacerme caso. ¡No dejo de meter la pata en todo!
ROSA: Eres una buena amiga, Cristina, y te agradezco tu interés por mi felicidad, aunque ya sabes lo que te digo siempre, hay que darle tiempo al tiempo.
CRISTINA: ¡Y un jamón! ¡Al toro hay que cogerlo por los cuernos! No puedes dejar algo así para mañana, siempre el mañana.
ROSA: No creo que Ángel haya pensado ni tan siquiera en mí, como para hacerme ilusiones...
(Asombro en los tres)
JARAPALES: ¿Qué estás diciendo?
CRISTINA: ¿Es eso verdad? Pe... pero chiquilla, sí...
ZAGAL: ¡Jodér! ¡Copón!
JARAPALES: ¡Si! ¡Sí, sí, sí, has hecho muy bien en decírnoslo! ¿Verdad, Cristina?
CRISTINA: ¡Oh, sí, claro!
ZAGAL: ¡El ca... ca... el caca... el caca..., el cabreo... og, que, esto, que vá a co, acoco... a cocoger el papa... el papa... el papatron, va a... ag... a ser de cam... de cam... pepe... de campepe... og... onato!
JARAPALES: ¡Que se muera ese vende almas!
CRISTINA: ¡Que lo zurzan! ¡Lo que importa... lo que nos importa es la feli, la feli, felicidad de rosa.
(Suave parodia de zagal)
ROSA: ¡No quiero que le digáis nada, por Dios! ¡No quiero que piense, que soy una descarada come hombres!
JARAPALES: ¡Por eso puedes estar tranquila, mujer! No seremos nosotros los que le abramos los ojos, ¿Verdad que no, Cristina?
CRISTINA: ¡Oh, no! ¡De ninguna manera! El amor es cosa de dos, yo ya he aprendido la lección, aunque me esté costando tanto trabajo callarme...
ZAGAL: Pues... pues, no lo... lo... no, og... lo parece, no,og... no callas...
CRISTINA: ¡Ya dijo el nene papa! Tengo una idea, ¿Por qué no se lo dices cantando?
ROSA: ¿Pero cómo quieres que...?
ZAGAL: Insinú... in... sinu... ¡Insinúaselo! ¡Jodér!
JARAPALES: ¡En un atasco de estos, te quedas, Zagal!
ZAGAL: Si ca... si caca... si caca... si canto, no tarta... no tarta...ar... ar... tartamudeo.
CRISTINA: ¡Ayúdale tú a Rosa!
ZAGAL: Vava...va... a... vale.

(Copla a dúo)

(Por el foro lateral derecho, don BRAULIO y, el pincha uvas de JEREMÍAS. ROSA, ZAGAL y CRISTINA, se repliegan al foro lateral izquierdo, JARAPALES, al foro central con ÁNGEL y el cura)

JARAPALES: ¡Parece que va a empeorar la noche!
ÁNGEL: ¡Cada uno recoge lo que siembra, Jarapales!
DON VENANCIO: ¡Por Dios hijos, haya paz! Don Braulio sólo ha venido a cenar, ya ves cómo han ocupado la mesa...
ÁNGEL: No hay por qué temer, padre, esté tranquilo que todo irá bien.
DON VENANCIO: Eso espero, Quedar con Dios...
ÁNGEL: Que Él le guarde, padre.
(Don Venancio, a la mesa de don Braulio)
DON VENANCIO: ¿Todo bien, don Braulio?
DON BRAULIO: ¡Miguel! ¡Pon una botella! ¡Claro, padre! ¿Se retira?
DON VENANCIO: Mis viejos huesos no responden como lo hacían, ¿ésta humedad? ¡Esta artritis me va a matar!
DON BRAULIO: (Despectivo) Pues cuídese, padre.
JEREMÍAS: ¡Usted no tiene problemas, padre, su patrón cuidará de usted, no se preocupe! Ja,ja,ja...
(Mirada sería de don Braulio que hace borrar la risa de la cara de Jeremías)
JEREMÍAS: Bu... buenas noches, padre.
DON VENANCIO: ¡Quedar con Dios!
(Silencio en las mesas)











ACTO II
Escena 4ª



ÁNGEL: ¿Está todo en orden ahí fuera?
JARAPALES: No hay movimiento de civiles.
ÁNGEL: Sería mejor que preparases los caballos, Jarapales...
JARAPALES: ¿Temes que pueda ocurrir algo? ¿Crees que podremos necesitarlos?
ÁNGEL: ¡Está cargada la "atmósfera"!
JARAPALES: No creo que se atreva a desafiarte Ángel... (Mirando a don Braulio)
ÁNGEL: Por si acaso... no quiero poner en peligro la vida de mis hombres. ¡Ensilla los caballos y avisa a los demás, que vuelvan!
JARAPALES: Como quieras, Ángel.
(Jarapales por el foro lateral derecho)
(Don Braulio al foro lateral izquierdo donde Rosa y los demás)
JEREMÍAS: ¡Estoy con usted, mi amo!
DON BRAULIO: ¿Por qué no me cantas una copla, cantaora? ¿Sería mucho pedir que cantaras para mí esta noche?
CRISTINA: ¿Y porque no se va a cenar tranquilamente, y la deja en paz?
DON BRAULIO: ¡Tú te callas, putita! ¡A ti no te ha mandado nadie velas para que asistas a este entierro!
ZAGAL: No se, no se... og... haga el chuchu... el chuchu... el chulo.
DON BRAULIO: ¡Cierra el pico, boniato! ¿Qué me dices, cantaora? ¿Es que no merezco una coplilla?
ROSA: Será mejor que vuelva a su mesa, don Braulio, no me apetece cantar, lo siento.
DON BRAULIO: ¡No ha sido esa mi pregunta! ¡No te he preguntado si te apetece o no te apetece! ¡He dicho que cantes para mí! (La coge por el brazo)
CRISTINA: ¡Suéltala, don nobleza!
(Interviene Ángel)
ÁNGEL: ¡Te ha dicho que la sueltes!
JEREMÍAS: ¡No te metas que te rajo!
(Muestra la navaja y la abre)
(Vuelve por el foro lateral derecho Jarapales)
JARAPALES: (Abre la suya) ¡Atrévete y te calo como a una sandía! ¡Vamos, da un paso al frente!
ÁNGEL: ¡Tranquilos! Este asunto es solamente nuestro, ¿no es verdad don... como se llame?
DON BRAULIO: ¡Don Braulio de Mendoza y Valencia, un varón de sangre azul!
JARAPALES: ¡Pues está pidiendo a gritos que lo comprobemos! ¡Cómo sabía yo, que estos pájaros querían juerga!
DON BRAULIO: ¿Qué interés tiene un gañán como tú, en una hembra así? ¿Te gusta la cantaora? ¿Es eso? Ja,ja,ja,ja... ¿Crees que una escoria como tú, sin oficio ni beneficio, puede merecerse una mujer así ? Ja,ja,ja,ja... ¡Qué iluso!
ÁNGEL: ¡¡¡Suelta!!!
DON BRAULIO: ¡Está bien, está bien! ¿Es que no te gusta la Cristina?
CRISTINA ¡Oye, tú!
DON BRAULIO: ¡Oiga, usted! ¡Un respeto a don Braulio de Mendoza...
CRISTINA: (Le corta) ¡Sí, sí, sí! ¡Y una mierda!
DON BRAULIO: (Asombro)
ÁNGEL: ¡No te extrañe! ¡No te muestra ni más ni menos respeto, que el que tú le estás teniendo!
DON BRAULIO: ¡Basura! ¡Eso es lo que sois, una basura!
ÁNGEL: Me estás hinchando la vena, "barón".
ROSA: ¡No, Ángel! ¡Por favor...!
DON BRAULIO: ¡Este dulce merece un paladar más exquisito! (La coge por la cintura y trata de besarla)
ÁNGEL: ¡Suéltala, canalla! (Le agarra del hombro, mano izquierda)
DON BRAULIO: (Le lanza una puñalada que le alcanza el brazo derecho)
ÁNGEL: ¡Ag...! ¡Dios! ¡Cobarde, me has herido!
ROSA: ¡No! ¡Cuidado Ángel, te matará!
DON BRAULIO: ¡He fallado, perdona! ¡Acabaré contigo, escoria! ¡Te avisé que no te metieses donde no te llaman, ahora lo pagarás con tu vida!
JARAPALES: ¡Defiéndete, Ángel!
JEREMÍAS: ¡Mátalo, amo! ¡Mátalo!
(Ellas aterradas)
JARAPALES: (Directo a la mandíbula de Jeremías) Después: ¿Verdad que tu me perdonas, padrecito? (Dejándolo inconsciente sobre el suelo)
ÁNGEL: Veamos si es verdad, que el varón tiene la sangre del color que dice tenerla. (Se lía la pequeña manta que lleva sobre su hombro en el brazo izquierdo, Jarapales le tira la suya al señorito que hace lo propio. Luchan durante unos segundos)
MIGUEL: ¡Soltad las navajas, maldita sea!
DON BRAULIO: ¡No te metas, mesonero! ¡Esto hay que arreglarlo aquí, y ahora!
ROSA: ¡Ángel, no! ¡Le van a matar! ¡Que alguien los separe, por favor!
LUCÍA: (A Rosa) No debía de haberse entrometido el señorito...
ROSA: ¡Cristina! (Aterrada)
CRISTINA: Lucha por su felicidad, Rosa.
ROSA: ¿Qué quieres decir? ¿Estás loca?
CRISTINA: ¡Que lucha por su felicidad, que es la tuya!
ROSA: ¡Por Dios que no te entiendo! ¡Le matan! ¡Angel!
CRISTINA: ¿Crees que algún hombre se arriesgaría a morir sólo por defender a una mujer? ¡Defiende tu honra, y eso sólo lo hace un hombre enamorado! ¡Te ama, Rosa! ¡Él también te ama!
ROSA: ¡Madre del amor hermoso! ¿Cómo sabes...?
CRISTINA: ¡Ellos me lo dijeron! ¡Además; tú lo estás viendo con tus propios ojos! ¡Un soltero sin perras, pero te ama!
ROSA: ¡Bendito sea Dios! (Mira al cielo) ¡Separarlos, por favor, que me lo matan!
ÁNGEL: (Termina dando muerte al señorito de una certera puñalada en su costado derecho de un modo accidental. - Ejemplo: Ángel sobre el suelo y don Braulio tirarse encima.-)
ROSA: ¡Oh, no! (Llora) ¡Me he quedado sin él, Cristina!
CRISTINA: ¿Qué te has quedado sin él, por qué?
ROSA: ¿No comprendes? ¿No comprendes que ahora lo llevarán preso?
JARAPALES: (Hacia Ángel exhausto por la lucha y por la sangre perdida)
CRISTINA: ¡Dios mío, es cierto!













ACTO II
Escena 5ª





Entran en escena DESCOSIO y FARFOLLA por el foro lateral derecho.

FARFOLLA: ¡Patillas la pasma! ¡Están rodeando el pueblo...!
DESCOSIO: ¿Qué ha ocurrido? ¿Estás bien, Ángel?
ÁNGEL: Sí, no preocuparos, me encuentro bien.
CRISTINA: ¿Qué has dicho?
ROSA: (Asombro)
LUCÍA: ¡Dios bendito, el Patillas!
MIGUEL: ¡No!
ÁNGEL: Sí, Miguel, lo siento. Siento que por mi culpa tengas problemas con los civiles.
MIGUEL: ¡Pero qué dices, hombre!
FARFOLLA: ¡Perdona, Ángel! Perdona que te haya llamado en público así, estoy muy nervioso, y...
ÁNGEL: No importa, Farfolla, algún día tenía que ser, y tan malo es hoy, como cualquier otro. (Mira a Rosa) Tú eres la que debes perdonarme, Rosa, he tenido que ser yo precisamente el hombre que te desilusionase. ¿Te he decepcionado, no es así?
ROSA: No sabes cómo lamento todo esto, Ángel... ¡No debías de haberte arriesgado por mí, mal hombre! ¿No comprendes que ahora te ahorcarán? ¿Es así como me quieres, que me privas de tu amor sin... sin tan siquiera conocerlo?
ÁNGEL: No podía descubrirte mi secreto, Rosa, temía que no lo comprendieras... debía sufrir este amor platónico en silencio, esperando que mi vida tomase otro rumbo. No podía ofrecerte un caballo, una sierra y un pasquín de busca y captura, no es eso lo que deseo para ti. Tú te mereces algo más que todo eso...
ROSA: ¿Y ahora que me dejas? ¡Ahora me has partido el corazón en mil pedazos, Ángel! En la sierra te tendría a ti, pero ahora... ¡Te llevarán preso, te ahorcarán!
ÁNGEL: Algo se nos ocurrirá, no puedo perderte ahora que... (La coge de las manos) ahora que por fin he conocido el amor... tenía tanto miedo... sí, temía tu rechazo, Rosa.
ROSA: Te entiendo muy bien, a mí me ha ocurrido lo mismo... pensé que tenías novia... y hasta que fueras un hombre casado, por eso no quería hacerme ilusiones contigo, ¡aunque siempre te he llevado en mi mente! ¡Eso sí!
ÁNGEL: Ahora puedo morir tranquilo, sabiendo que me amas...
ROSA: ¡No digas tonterías! ¿Verdad que no, muchachos? (A los demás. Jeremías desmayado del golpe de Jarapales)
CRISTINA: ¡Tenemos que hacer algo! ¡Vamos, chicos, no podemos permitir que... (Mira a Rosa) Bueno, yo ya me entiendo!
LUCÍA: ¿Quién me iba a decir a mí, que iba a entrar en mi casa el Patillas?
ÁNGEL: Alguna intuición tendrías, Lucía, bien decías que podía ser incluso cualquiera de nosotros.
LUCÍA: ¡Y así ha sido! ¿Quién se iba a imaginar, con las veces que has venido a esta casa?
JARAPALES: ¡Pues ya ves, Lucía! ¡Así es la vida!
DESCOSIO: ¡Menos cháchara, que se acercan!
FARFOLLA: ¡Hay que pensar algo, y rápido!
MIGUEL: Me gustaría ayudaros, chicos, pero como podéis comprender no os puedo esconder en la posada... lo siento.
ÁNGEL: Lo sé, Miguel, sé que si valiese para algo, lo harías, ¿no es así?
MIGUEL: ¡Te cogerán igual!
CRISTINA: ¿Ellos conocen tu rostro, Ángel?
ÁNGEL: No, que yo sepa...
(Zagal que se había mantenido callado...)
Zagal: Po... po... pues entonces, que...eg... que...eg... qué problema hay...
JARAPALES: ¿Qué le decimos de éste (Señalando al señorito), que está durmiendo?
Zagal: Jo... jo... jo...
DESCOSIO: ¡No te rías, que no es cosa de risa!
ZAGAL: Que... geque... eg... no me, no me río... ¡Jodér! ¡Eso!
FARFOLLA: ¡Ya te atascas hasta en lo seco!
(Se oyen murmullos de los parroquianos apoyando al bandolero)
ÁNGEL: ¡Ha tenido que ocurrir una desgracia ahora! ¡Precisamente ahora! No sabes cómo lamento todo esto, Rosa... Soñé que nuestro encuentro sería diferente... me hubiese gustado ofrecerte una declaración de amor más romántica, de una forma sencilla, pero romántica.
FARFOLLA: ¡No es precisamente romántica, la estampa del "barón"!
DESCOSIO: ¡Lo tenemos bastante negro para explicar la muerte del terrateniente, ¿no crees, Ángel?
JARAPALES: O, pensamos algo pronto o, no habrá explicación que valga, los cuatro... (Gesto al cuello, de tajo)
CRISTINA: ¿Qué será de nosotros?
ROSA: ¡Dios, Dios, Dios! (Amargura)¿Por qué ha tenido que ocurrir, Dios mío, porque!
JARAPALES: Todos sois testigos de que se lo andaba buscando! ¡Ángel sólo ha defendido su vida! Además; ha sido un accidente, como todos habéis podido ver, se ha matado sólo.
DESCOSIO: ¡Cualquiera le explica eso a los civiles!
ÁNGEL: Era él o yo. Yo no quería, pero...
CRISTINA: ¡Todos hemos visto que ha vuelto con ganas de bronca! ¿No es así? ¡Alguien lo pondría en su sitio algún día, y ese día ha sido hoy, y el alguien, Ángel!
(Lucía consuela a Rosa)
LUCÍA: ¡No te preocupes, niña, todo se arreglará!
ROSA: ¿Tú crees, Lucía?
LUCÍA: El mal no tiene vuelta de hoja, ya está echo...









ACTO II
Capítulo 6º



MIGUEL: ¡Eh, muchachos! ¡Se me está ocurriendo una idea, que puede ser buena y además dar buenos resultados!
LUCÍA: ¡Ese es mi hombre!
JARAPALES: ¿En qué estás pensando, Miguel?
MIGUEL: En cambiar al borracho por Ángel...
DESCOSIO: ¿Qué?
FARFOLLA: ¿Y eso para qué?
MIGUEL: ¡Dejad que os explique mi idea! ¡Al perro faldero, lo empapamos en vino, al de la mona, lo rociamos con infusión de romero...
CRISTINA: ¿Qué lío es ése? ¿Dónde quieres ir a parar?
LUCÍA: ¡Deja que termine, Cristina, puede que haya tenido la única idea buena de toda su vida!
MIGUEL: ¡Gracias, mujer! ¿Veis por lo que decía, que no merece la pena dar la vida por una mujer?
LUCÍA: ¡Grrr...! (Gruñe)
MIGUEL: ¡Cómo os decía! Una vez que hagamos parecer borracho al que no lo está, nadie lo creerá, caso de que despierte mientras estén los civiles aquí...
JARAPALES: ¿Y el otro?
MIGUEL: El borracho está tan bebido, que no podrá decir nada, y para cuando los civiles se den cuenta del engaño, vosotros estaréis lejos de aquí. ¿Qué os parece?
CRISTINA: ¿Y eso con qué fin?
ÁNGEL: Puede que tenga razón, Cristina. ¿Pretendes decirnos, que ése (señalando al borracho), soy yo, y que ha matado al señorito?
MIGUEL: ¡Exacto! Lo manchamos con tu sangre, y tú te cubres la herida.
DESCOSIO: ¡Eres un genio, Miguel!
FARFOLLA: ¿Creéis que pueden tragarse esa rueda de molino?
MIGUEL: ¿Tiene alguien alguna idea mejor?
(Silencio)
MIGUEL: Ya veo que no. ¡Vamos, manos a la obra!
(Acción descrita)
ÁNGEL: ¿Serías capaz de venirte conmigo a la sierra? (A Rosa) ¡Te prometo...! No, no puedo prometer nada, debes elegir libremente tu destino...
ROSA: Te he esperado toda mi vida, puedo esperar algo más... ¿Porque dejarás la sierra, no es así? No quiero verte preso, o lo que es peor, ahorcado.
ÁNGEL: ¡Eso corre de mi cuenta! Nos compraremos un terreno, y viviremos en el campo, ¿qué te parece?
ROSA: ¡Me encanta! ¡Un sitio amplio donde puedan corretear nuestros hijos!
ÁNGEL: Te adoro, Rosa...
ROSA: Pues yo no... ¡Tonto!
(Se abrazan)
Después de rociar a Jeremías con vino, y al borracho con infusión de romero...
MIGUEL: ¡Sentad al Jeremías aquí en esa silla!
(Le ayudan Jarapales, Descosio y Farfolla)
MIGUEL: ¡Traed a ese buen hombre aquí! Al pie de don Braulio... ¡La navaja, Ángel! (Ángel se la da) ¡La manta, dame la manta!
(Le mancha de sangre y se la envuelve en el brazo izquierdo)
ÁNGEL: ¡Un momento, Miguel!
MIGUEL: ¿Qué ocurre ahora?
ÁNGEL: No puedes ponerle la navaja en la mano derecha y la manta en la izquierda, la herida la tiene en el costado derecho y, con la mano derecha, veo difícil hacer una herida así.
MIGUEL: Tienes razón, Ángel...
(Lo hace como le dice Ángel)
FARFOLLA: (A Miguel) ¡Hay que pensar, pero pensar bien... hay que hacerlo con la cabeza, que es esa especie de melón que tienes sobre los hombros!
MIGUEL: ¡Muy gracioso, tú!
(Se ríen los tres amigos)
LUCÍA: Te traeré una camisa limpia, Ángel.
ROSA: Gracias, Lucía, te lo agradezco.
LUCÍA: ¡No hay por qué, niña!
LUCÍA: Tu camisa, Ángel.
ROSA: Temo que puedan descubrirlo todo, ángel.
ÁNGEL: Mantengamos la calma, y tengamos fe en Dios. Gracias Lucía...
CRISTINA: ¿No se por qué me había imaginado que tú eso de Dios...?
ÁNGEL: ¡Ya ves que no! Todo el mundo necesita un apoyo moral en los momentos más difíciles de su vida, y esté ahí, o no esté, todos confiamos en Él, y esperamos que nos escuche.
CRISTINA: Este es un buen momento para que nos oiga... sí.
JARAPALES: ¡No seáis agoreros, jodér! ¡Todo saldrá bien, ya lo veréis!
ÁNGEL: ¿Quieres mirar fuera, Jarapales? Echa un ojo a ver qué se ve.
JARAPALES: ¿Está todo bien? (Señalando la escena preparada del crimen)
ÁNGEL: ¡Lo está!
(Los parroquianos hacen gestos de aprobación y apoyo al bandolero)
(Jarapales al foro lateral derecho)












ACTO II
Escena 7ª





(Fuera, voces de agentes buscando)

¡Mirad por ahí! ¿Habéis registrado el tinao? ¡Todo limpio! ¡La posada! ¡Mirad la posada!

JARAPALES: ¡Gracias a Dios, que son ustedes!
AGENTE: ¿Por qué gracias a Dios? ¿Ha ocurrido algo?
JARAPALES: ¡Un crimen, agente! ¡Un crimen!
AGENTE: ¿Cómo?
JARAPALES: ¡Pase, pasen ustedes! ¡Qué desgracia, Dios mío, qué desgracia!
(Ya dentro los agentes y Jarapales)
AGENTE: ¿Qué ha ocurrido aquí? ¡Dios bendito, don Braulio! ¿Y ése? (Al borracho)
MIGUEL: ¡Una desgracia, señor agente, una desgracia! Estabamos cenando cuando se ha presentado ese criminal del Patillas...
AGENTE: ¡Si! Sí... Los sabía, no sé por qué me daba, que caería en mis manos...
MIGUEL: Don Braulio quiso defendernos, y se comportó como un león, pero el bandido ese... más acostumbrado a la navaja...
AGENTE: Don Braulio, todo un caballero... haber acabado así a manos de un canalla como éste... (Le da una patada al borracho tendido en el suelo) ¿Cómo es que esta desmayado?
MIGUEL: Ya le digo que don Braulio nos ha defendido con uñas y dientes, lo ha tenido difícil ese tal Patillas, para acabar con el señorito...
AGENTE: ¡Espósalo, cabo! ¡Ya te tengo, mamón! ¿Creíste que te podrías reír de mí, eh? ¡La ley es infatigable! ¡Gracias, ciudadanos! ¡Éste bandido ya no hará daño a nadie! ¡Lástima que haya tenido que pagar don Braulio con su vida la detención de éste criminal! Es una pérdida que llorará toda la comarca, pero las buenas gentes de esta región, podrán dormir tranquilas. ¡Puafff...! ¡Hasta sus ropas apestan a monte!
(Se remueve Jeremías)
Todos contienen la respiración temiendo lo peor.
(Se fija el teniente en la puñalada.)
AGENTE: ¿Era zurdo... quiero decir, es zurdo el Patillas?
LUCÍA: Sí, lo hemos visto pelear con la izquierda...
AGENTE: ¡Ya! ¡Algo que no conocía de él!
(Se levanta Jeremías conmocionado aún)
JEREMÍAS: ¿Eh? ¿Qué... que ha pasado?
AGENTE: ¿Qué le ocurre a ese?
MIGUEL: Un parroquiano sediento, agente. ¡No puede imaginarse lo que ha bebido! ¿Verdad, Lucía?
LUCÍA: ¡Dos litros le he servido yo, dos!
AGENTE: ¡Buena la ha agarrado!
CRISTINA: La coge todos los días, señor agente. Es un pobre alcohólico con la chaveta ida.
JEREMÍAS: ¡Amo! (Lo busca con la mirada hasta localizarlo yacente en el suelo) ¿Mi amo? ¡Don Braulio! ¡Lo has matado, asesino! (Dirigiéndose a Ángel que permanece junto a Rosa) ¡Has matado al amo, criminal!
(Silencio)
Jeremías: ¡Me habéis quitado el pan de la boca! ¡Se lo habéis quitado a mis hijos!
(Silencio)
AGENTE: ¿Qué dice éste?
CRISTINA: ¡Ya le digo agente, que no está bien de la cabeza! ¡En cuanto se espabila un poco, empieza a disparatar!
JARAPALES: ¡Ya nos ha montado otro numerito antes, agente, está loco!
JEREMÍAS: ¿Yo loco? ¿Loco yo? ¡Tú has matado al amo, asesino!
JARAPALES: ¡Toma amo!
FARFOLLA: ¡Vuelve a dormirla, lamedor!
AGENTE: ¿Cómo está tan seguro de lo que dice? ¿Estáis seguros, que ha sido el patillas, quien lo ha matado?
JARAPALES: ¡Seguro!
DESCOSIO: ¡Seguro!
FARFOLLA: ¡Seguro!
MIGUEL: ¡Claro!
LUCÍA: ¡Sí!
ROSA: (Calla)
ÁNGEL: (Calla)
CRISTINA: ¡Le juro por la salud de mi madre, que ha sido él, el patillas! ¡Es cierto, no le engañamos!
JEREMÍAS: ¡Esto es un complót!
JARAPALES: ¿Qué es un que...? ¿Eso qué ha...?
ZAGAL: ¡Yo! ¡Yo, og... yo, lo, og... o puedo... esto, eg... eg... explicar!
MIGUEL: ¡Déjalo si no, zagal!
LUCÍA: Por favor señor agente, ¿Quiere retirar a don Braulio de mi local? ¡Lléveselo ya, por favor!
AGENTE: No te preocupes, buena mujer, mandaré al juez lo antes posible. ¡Puáfff...! ¡Cómo apesta a vino! (Al acercarse a Jeremías) ¡Aseguraros, de que alguien le lleve a dormirla a su casa!
(Asombro en Jeremías, y tras la incredulidad, viendo que nadie lo toma en serio, saca su navaja de la faja dirigiéndose a Rosa)
JEREMÍAS: ¡Mi amo ha muerto por ti, muere tú por él! ¡Si no has sido para él, no serás para nadie!
(Tan rápido fue todo, que sólo le dio tiempo a Ángel de interceptar la puñalada con su propio cuerpo, y en medio del corazón)
ÁNGEL: ¡¡¡No!!! ¡Agggg...!
ROSA: ¡¡Ángel, no!! ¡Ángel...!






Para cuando Jarapales, Descosio y Farfolla pudieron reaccionar a aquella acción tan inesperada y sorprendente, Ángel yacía en el suelo con la puñalada en pleno corazón, sólo pudieron apresar a Jeremías, después de que éste asestara aquél golpe mortal.
Rosa abrazada a Ángel en el suelo llora desconsolada.

ROSA: ¡¡¡Dios...!!! (Grito desgarrador mirando al cielo y llorando)

El cuadro queda estático en espera de la decisión del público. (Se supone que tardarán unos segundos en reaccionar de tan lamentable tragedia)

Fin de la obra:



"EL CLAMOR DE LOS SUMISOS"
(Tragedia mixta)

No hay comentarios:

Publicar un comentario